TEATRO

BERNAT ARTOLA i TOMÁS



    No por menos conocida, merece especial atención, señalar su actividad como autor teatral.

    En las Obras completas se incluyó el Sainete "La Panderola", pero en el archivo familiar se conservan, desde hace poco tiempo, otras obras, que si bien por su extensión no incluiré en la presente página web, al menos citaré una breve reseña.

Año 1928

    LA CARCOMA

    Inicialmente se denominó  "Laura", seguidamente "Desamor" y finalmente "La Carcoma".

    En el archivo familiar se conservan manuscritos los guiones con los distintos títulos.

    Se trata de un drama desarrollado en tres actos. La acción transcurre en una planta baja de una casa de vecindad, en la época actual (años veinte).

    Los personajes son Laura (modistilla romántica), María (amiga de Laura), Juana (madre de Laura), Carmen (aprendiza de taller), Paquita e Isabel (señoritas que van a coser), Antón (padre de Laura), D. Manuel (dueño de la casa), Alfredo (sobrino de D. Manuel), Luis (novio de María), un mendigo, vecinas, borrachos y campesinos.

    Parece ser que estuvo a punto de estrenarse, pues se conservan copia de los guiones, mecanografiados, para cada personaje.

 

Año 1929

    NARCISO Y SU ESPEJO

    Se trata de un drama desarrollado en tres actos. La acción transcurre en una ciudad de provincias, en la casa de Narciso que se comunica con la oficina de delineantes, en la época actual (años veinte)

    Los personajes son Narciso (ingeniero de 50 a 60 años), Angelita (niña moderna 18 años), Luisa (madre de Narciso), Emilieta (hermana de Narciso), Francisco (marido de Emilieta), Juanito (hijo de Emilieta y Francisco), Mª de las Nieves (hermana de Angelita 23 años) y Lorenzo (delineante 30 años).

 

Año 1937

    ESTAMPA DE RETAGUARDIA

    Se trata de un drama a modo de poema, desarrollado en un acto. La acción transcurre en un pueblo de retaguardia durante la contienda de la Guerra Civil Española, 1936.

    Los personajes son M (mujer joven con un hijito en pañales), V (mujer vieja madre de la anterior), Uno (miliciano que viene del frente de guerra), H (varios milicianos de retaguardia, muy decorativos y armados) y PL (grupo de plañideras y mujeres del pueblo).

 

Año 1948

    PANDEROLA

    Se trata de un sainete desarrollado en un acto. La acción transcurre hacia el año 1943, en "El Raval de Castelló", en vísperas de las fiestas de "La Madalena".

    Los personajes son Panderola (35 años, corredor de fincas), Quica (30 años, esposa de Panderola), Tomaseta (18 años, vecina), Neñet (23 años, hermano de Quica), Roseta (40 años, Madalena de Raval), un niño recién nacido y un coro de chicas y chicos.

 

ESTAMPA DE RETAGUARDIA

Un porche de pueblo.

El perfil de una ladera quebrada se recorta en la luz del arco.

Un sendero desciende entre zarzales.

Está anocheciendo. Sobre un cielo de nácar, las nubes negras corren hacia el Sol, para beber la sangre que vierte su derrota.

Un resplandor estremecido de hoguera proyecta sobre los muros sombras gigantescas y temerosas.

Una mujer joven está meciendo a su hijito.

Canta:

En tus ojos se ha dormido

una estrellita del cielo.

¡Déjame besar tus ojos

para ver si la despierto!

Es primavera y las nubes

han venido de lo lejos

por la senda perfumada

de la rosa de los vientos.

Vienen a velar la Luna

para desvelar tu sueño;

vienen a velar tu frente

con su lírico misterio.

Yo también a tí he llegado

y temblando, no me atrevo

a despertar la estrellita

que está en tus ojos durmiendo.

.............................................

Nota: Esta canción de cuna puede ser recitada, sin énfasis, sobre la música; pero de modo tal,

que cada palabra se corresponda con la que subraya la melodía.

(Una mujer de edad avanzada entra angustiada, pero reprimiéndose. Es la madre de la anterior)

Vieja.-   

¿Te has vuelto loca? No cantes

que no es cantar lo que debes.

Mujer.-

Estoy durmiendo a mi niño

y canto para que sueñe.

Vieja.-

Mientras tu pobre marido

está luchando en el frente

con agua y barro en los ojos,

modelador de la muerte,

no debes cantar.

Mujer.-

¿Acaso

cantar, es estar alegre?

Yo canto y estoy más triste

que callada.

Vieja.-

Pero ofendes

a quien tiene el corazón

en silencio.

Mujer.-

Muchas veces

ese silencio no es más

que mudo egoísmo. ¿Puede

callarse mi corazón,

cuando cantando se duerme

mi sueño de antiguos días

más felices?

Vieja.-

¡Puede y debe!

Que la voz va con el viento

 a oídos de las paredes

y allí, despiertan los ecos

malicias inconvenientes.

Mujer.-

(Anhelante)

¿Sabes algo?

Vieja.-

Nada sé;

pero parece que vienen

algunos heridos graves

en la ambulancia.

Mujer.-

(Anhelante)

¿Tú crees

que pueden traerlo herido?

Vieja.-

(Fatalista y casi llorando)

¡Lo creo porque lo temes!

Mujer.-

(Desesperadamente)

No avives más mi congoja

con tus temores de siempre.

Mira que ya le estoy viendo

lleno de sangre y de fiebre,

herido por la metralla

de los traidores rebeldes.

Arrastrándose por tierra;

gimiendo con voz tan leve

que al temblar entre sus labios

en suspiro le florece.

Le desgarran los zarzales

rosas de sangre caliente

y siento que ya en sus ojos

tiende sus velos la Muerte.

(Da una gran voz)

¡Ay que se muere sin mí,

y yo me muero sin verle!

Vieja.-

(Cómo en aparte)

(Se quiebra mi corazón

con estos llantos que hieren;

que no hay dolor sin herida

y es la herida la que duele).

Mujer.-

 (A su madre que la mira llorosa y como absorta)

¿Por qué callas? ¡Díme! Dí,

¿es que acaso si que viene

herido como me temo?

¿Muerto quizás?

Vieja.-

¡No exageres!

Está herido.

Mujer.-

(En reproche angustiado)

¿Y no lo has dicho

enseguida? ¿No comprendes

que me muero aquí sin él

si él aquí sin mí se muere?

¿Dónde está? ¿Cómo le traen?

Vieja.-

¡Mírale! ¡Ya aquí le tienes!

(Por la senda bajan en fúnebre cortejo unos hombres que traen al herido, ya muerto. Siguen unas mujeres mesándose los cabellos.

La silueta del grupo destaca sobre el horizonte rojo con perfiles de trágica exaltación).

(La mujer se levanta con su hijito en brazos, apretándole contra su pecho y queda en pie, sin atreverse a ver el cadáver de su marido)

Plañideras.-

El campo se pone triste;

las nubes tienden crespones.

Que allá en la guerra mataron

al mejor de nuestros hombres.

Milicianos.-

De la guerra nos devuelven

al mejor de los mejores,

acribillado de heridas

por esclavos de uniforme.

Plañideras.-

¡Ay que pronto nos mataron

al mejor de nuestros hombres!

Ya sus músculos marchitos

no vibran de duro bronce.

Miliciano uno.-

Su gesto se destacaba

sobre rojos horizontes

perfilado por las balas

de fusiles y cañones.

Mujer.-

(Abrazada al cadáver)

Ya sus ojos no me miran;

ya ciego, no me conoce.

Ya le digo mi esperanza;

¡ya sin voz, no me responde!

Milicianos.-

Se fue nuestro camarada

por una senda de voces

que claman venganza eterna

en toda conciencia noble.

Mujer.-

(A su madre que le ha tomado el niño)

¡Ay madre, ya se me ha muerto

el corazón!

Vieja.-

(Devolviéndolo a los brazos de ella)

¡No lo tomes

tan sin consuelo, que aún

hay estrellas en tu noche!

Mujer.-

(Dramática y angustiada)

Siento en mi corazón que se derrama

el viejo amor de mi pasada vida,

y con llanto de hiel y de retama

emponzoña de lagrimas la herida.

La muerta brasa se enardece en llama

al débil soplo que a soñar convida;

pero la espina de mi negro drama

bañada en sangre morirá escondida.

Ya nunca más florecerá mi anhelo

cándido afán por superar la suerte

que así me muestra su brutal picota.

Ya no hay más luz, oriente de mi duelo,

que la vida segura de la muerte

bajo el rumbo fatal de mi derrota.

(Rehaciéndose con esfuerzo y queriendo mostrase serena. A su hijito.)

¡Ay estrellas, tan pequeñas

que apenas sois arreboles!

¡Ay que noche tan oscura

me muestra su negro norte!

Plañideras.-

¡Pobre muchacha ya viuda!

Milicianos.-

¡Tan amorosa y tan joven!

Mujer.-

(Con energía a todos)

¡Entradle, que no le vea

la Luna de los traidores!

Miliciano uno.-

Se murió por defender

la Libertad: ¡Era un hombre!

(Entran al muerto en la casa. Las mujeres quedan abrumadas. Los hombres no saben que decir ni que hacer.

Advierten en los ojos de ellas recelos y acusaciones)

Vieja.-

¿Sabéis cómo le mataron?

Miliciano uno.-

Fue así, tal como os lo cuento.

Aquella noche cruel

estábamos al acecho

velando nuestra consigna

de guardia en el parapeto.

Alertas a la sorpresa

mirábamos en silencio

la negra noche enemiga

estremecida de miedo.

De pronto, trágico y ronco,

se oyó un aullido a lo lejos

erizado de presagios

y temblores de misterio.

Todo el frente despertó

con un alerta de perros

y empezaron a zumbar

los cañones y morteros.

Tu marido estaba allí:

¡aún parece que le veo!

Rabioso por pelar

como un gallo pendenciero

nos enardecía a todos

con su valor y su ejemplo.

¡Cómo arrastraba a la gente!

¡Qué arengas llenas de fuego!

¡Qué confianza tan firme

en los destinos del Pueblo!

Cuando hablaba, parecía

que en puro entusiasmo ardiendo,

con los dientes desgarraba

las palabras. Y su verbo

era un vibrante clarín

que despertaba los ecos

más cobardes, emboscados

en desganas y pretextos.

Todos, al verle avanzar,

de lo más hondo del pecho

sacaban nuevo optimismo.

Y firme, en lo más adentro

del corazón, la fe ciega

en el triunfo del Gobierno,

prendía nueva energía

en los fatigados miembros.

Esa es la pura verdad;

pero vamos a lo nuestro.

Aquella noche fatal

de Luna con manto negro,

el enemigo logró

el premio de sus deseos.

Las palmeras de metralla

terribles como un incendio

brotaban por maravilla

de los canchales del yermo.

Tu marido avanzó solo,

trágicamente sereno,

burlando el fuego enemigo

con loco instinto del quiebro.

Quiso con viril impulso,

arrebatado y resuelto,

acallar las baterías

de los patriotas a sueldo.

No encontró quién le siguiera

temerario hasta el infierno,

y no escuchó la prudencia

que le anticipaba el riesgo.

Es tan valiente el que avanza

anónimo sin recelo,

a cumplir sus objetivos

sin esperanzas de premio,

como el que, suelto el instinto,

quiere luchas cuerpo a cuerpo

por una ocasión heroica

que glorifique su gesto.

¡Es tan baldío el valor

de un hombre contra un ejército!

Allí cayó tu marido,

y aquí le traemos muerto.

No pudo decir palabra;

pero en sus ojos, ya ciegos,

¡vimos volar la Victoria

gloriosa de nuestro Pueblo!

(Todos quedan condolientes, abatidos y en silencio. De pronto el que ha hecho el relato, apresuradamente como para esconder su emoción,

estrecha la mano de la mujer y se va. Ella con exaltado arrebato, sacada por violencia de su dolor secreto, apostrofa a los milicianos del pueblo.)

Mujer.-

¿Qué hacéis vosotros aquí,

cobardes de retaguardia,

que no estáis, fusil al hombro,

en los frentes de batalla?

Mientras se vierte a raudales

roja sangre proletaria

y en las trincheras se siembra

semilla de nueva España,

vosotros en el acecho,

buscando ocasiones calvas,

hacéis la revolución

en la que no exponéis nada

porque, atentos a lo vuestro,

sólo estáis en las ganancias.

Mientras otros en el frente

en sangre y sudor se empapan

sacrificándolo todo

por defender nuestra Patria,

paseáis en automóvil

con la alcahueta y la daifa

ostentando privilegios

de trabuco y de guitarra.

Los señoritos más chulos

de la más podrida casta

no harían, como vosotros,

escarnio del que trabaja.

Mucha chaqueta de cuero;

mucho lujo de polainas;

mucha pose perdonavidas

armados de todas armas.

Muchos himnos proletarios;

mucho "¡salud, camarada!"

y mucha revolución

de pasquín y propaganda.

Pero vosotros, ¡que va!,

guerreros de la palabra,

ocultos en el ardid

del partido y la soflama,

vestís vuestra cobardía

con el disfraz de comparsas

ganando guerras infames

de chantaje y de bravata.

(Transición. Con rabia y despectivamente)

¡Y aún gritáis "¡No pasarán!"

con voz de la "Pasionaria"!

¡Y es que en echando a correr

es seguro que no os pasan!

Milicianos.-

¡Está loca esta mujer!

No le hagáis caso, ¡dejadla!

Miliciano dos.-

El dolor la ha trastornado

y no sabe lo que habla.

Mujer.-

(Como invocación a su hijito)

¡Ay hijo mío, hijo mío!

¡hijo mío de mi alma!

Tú no serás un cobarde.

Tu has bebido en mis entrañas

todas mis ansias antiguas

de una vida más humana.

Tú vengarás a tu padre

luchando para tu Patria:

¡Tú vivirás su recuerdo

si él cayó por tu esperanza!

Tú serás uno de tantos

luchadores del mañana,

heroicos con el silencio

del gesto que obra y no habla.

Tú serás un hombre libre;

uno más entre la masa

de honrados trabajadores

del taller o de la fábrica.

(Pausa. El día ya va clareando)

Pero ahora que vivimos

la trágica noche amarga,

hemos de velar el día

que va descubriendo el alba.

(En una gloriosa exasperación vibrante, dirigiéndose a todos, en imprecación y mandato.

Con voz temblorosa de angustia)

La Libertad, perseguida,

en su auxilio nos reclama;

hemos de unir los esfuerzos

para triunfar y salvarla.

¡En pie para el sacrificio

los hombres libres de España!

¡Y si hay que morir, se muere!

¡y si hay que matar, se mata!

(Se oyen voces de soldados que pasan cantando.

Cómo una evocación, visionaria y trágica)

Cruzando la roja tierra

por la traición desolada,

rumbo a un futuro de gloria

el Pueblo en armas, ¡¡avanza!!

(Todos quedan agrupados en torno a la mujer enardecida y dolorosa.

Estalla el alba, gloriosamente, cuando cae el

T E L Ó N)

(inicio)